domingo, 23 de octubre de 2011

Balada de los amantes del camino de Tavernay

El cuarto donde habita mi ruiseñora se nutre con el ruido de mi demora, los cantos de la calle se estan plegando y el mórbido reloj mira blasfemando. Después la lluvia encumbra sus volantines y moja alguna estrella que agoniza entre violines y agolpa sus rebenques desmelenados, a la anca de mi potro que no ha piafado.

De noche todo es claro si en su cortina ondula una cadera que se adivina, sacude su pañuelo la manterasa y enciende las señales por donde pasa, mi atávico desvelo buscando casa. La cama adonde espera mi buena moza, es tibia como el vientre y es luminosa, viniendo de la lluvia y forzando puertas, aprecio que su gana ya está despierta.

La cama adonde escurro mis homenajes es donde desterramos la barrera de los trajes y es donde de algun modo, su resolana, se adueña de mi lengua tan soberana. Allí nos respiramos de diestra suerte, allí nos cobijamos por si la muerte, allí yo le regalo mis estertores y allí ella me devora con mil amores, cogiendo de mi sangre las frescas flores.

La cama adonde anida su pulpa suave es esa donde yergue su cuello de ave, y aquella adonde estira su claro modo amándome de cerca y mordiendo todo. Su cama multiplica mi envergadura que es llave con la que abro su opulenta sabrosura, que es fuego con el que hecho su frío afuera, y anido su gemido cuando lo quiera.

Viniendo de tan lejos estoy tan hondo, tan cerca de su dentro y tan al fondo, tan ávido y completo, tan estrujado, tan posesivo y pleno, tan aplicado que cuando el nuevo día se asoma, me alza.

Patricio Manns

jueves, 13 de octubre de 2011

Evocaciones

He de despertar otra vez. Abrir los ojos después de una nueva noche, distinta a la anterior, definidamente única. Un despertar que anida en su pecho sombras y luces noctámbulas. Todos los días han de ser pequeños ríos caudalosos cuyo afluente llegará un día a un mar difinido, conformado por cada arroyo y cada corriente de agua turbia, ese mar que seré desintegrándome en el fin de los días. Renazco otra vez hoy, otra vez mañana, por eso nos proyectamos y recordamos al mismo tiempo. Y es ése el sentido primordial de mi escritura, una escritura que nace del ayer y del mañana, con más realidad que ficción. Con más creación que realidad. Con más sentimiento que creación. Éstas son mis evocaciones, de mis memorias y añoranzas, de los fracasos y disgustos, del gusto y de las risas. Aquí están todas las cosas, todos los días, todos los ríos juntos. En lo que escribo y soy al mismo tiempo. Te evoco pasado, te evoco presente, te evoco futuro: esto soy. Así me entrego.