De súbito que mi decisión espante,
el deseo,
deseo
que las horas te lleven,
llévate la sed.
Envenénalo a furia,
corre,
envenénalo todo,
todo llévatelo.
Contigo,
que se vaya contigo.
Pisotéalo,
extínguelo,
escúpelo
y que se vuelva zumo
denso.
Piérdelo en el mar más negro aún
en el más profundo,
ahógalo en mi bosque cansado,
moribundo.
Déjalo morir.
Algo tendrá que renacer de los escombros.
(...) Aquí están todas las cosas, todos los días, todos los ríos juntos. En lo que escribo y soy al mismo tiempo. Te evoco pasado, te evoco presente, te evoco futuro: esto soy. Así me entrego.
martes, 1 de noviembre de 2011
El canto de las piedras
"Alejandra e Ibania no son bondadosas. Así que se van a molestar. E Ibania gritonea de un lado a otro como urraca parlanchina. Ahora la colorada Ibania (la segregada) gritonea también a Nepomucena. Se cree la muerte, alude a “¿Sus ideas?”. Isidora interviene: “Es una Roja.”. Dice que se cambiará de colegio nuestra protagonista, sin embargo todos los demás personajes saben que eso no es cierto. Ahora mira curiosamente la pantalla del computador, intenta recriminar a Isidora, sacarle “verdad o mentira”. Pone cara de ofuscada y dice “Los colibrí son de color verde”, sin embargo, nadie más en la mesa entiende esa intervención. Alejandra dice “Tienen el corazón Rojo”, e Isidora agrega: Verde Moco. Intenta Ibania intervenir la historia, pero no se lo permiten los demás personajes, no puede, no tiene derecho. Lo intenta incluso, agresivamente, por la fuerza. El profesor vendrá a ver nuestro avance, y a muestra de todo, será esta historia el progreso. Puede ser leído en veinte años más, Alejandra interviene “Nos pondrá un Insuficiente”, Ibania se ha rendido, sin embargo, se apreciará la importancia de tal texto, éste, que lees entre tus manos ahora, quizás siglos después de esta clase donde fue escrito."
Las quiero tanto.
Las quiero tanto.
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